Bien o mal el mundo habla del Estado palestino. Este es, quizá, el gran acierto de Mahmud Abbas, quien con su pedido de admisión de Palestina al Consejo de Seguridad de la ONU parece decir que se cansó de confiar en Estados Unidos e Israel.
Más allá de que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) sea admitida como un Estado pleno, o como observador, Abbas parece querer aprovechar este trascendental momento de la historia contemporánea en que la Primavera árabe está cambiando el mapa de Medio Oriente.
¿Ha nacido un nuevo líder entre los palestinos después de Yasser Arafat? Probablemente esta pregunta -que se formulan muchos analistas, algunos de modo afirmativo- tendrá su respuesta en los próximos meses, cuando de un modo u otro los israelíes se vean obligados a iniciar negociaciones con los palestinos.
El pedido de Abbas ocurrió 18 años después de la firma de los Acuerdos de Oslo y en un momento en que ya no están los regímenes del tunecido Ben Alí, del egipcio Hosni Mubarak y del líbio Muammar Kaddafi.
Nadie duda de que el posible reconocimiento de la ONU entraña un enorme riesgo para los palestinos, ya que los israelíes pueden lanzar represalias -que afecten el dinero que reciben desde el exterior- y proseguir además con la construcción de más asentamientos en Jerusalén Este.
A su manera, el presidente estadounidense, Barack Obama -a quien muchos republicanos y del Tea Party consideran el presidente más antiisraelí de la historia-, quiso defender en la ONU a su principal aliado en Medio Oriente, sin dejar de resaltar que los palestinos merecen un Estado.
No hay atajos para terminar un conflicto que ha durado décadas. La paz no llegará por medio de declaraciones y resoluciones de la ONU, advirtió.
Durante su discurso ante la Asamblea General, Obama recordó el Acuerdo del Viernes Santo de 1998, que concluyó con el conflicto de Irlanda del Norte entre católicos y protestantes.
Estados Unidos ha perdido su oportunidad en Medio Oriente.
Se acabó: el proceso de paz, la Hoja de Ruta, el Acuerdo de Oslo: todo este fandango es historia, dijo el analista Robert Fisk, en un artículo en el diario británico The Independent.
Obama mencionó que israelíes y palestinos eran partes iguales del conflicto en Medio Oriente como si los ocupantes israelíes y los palestinos ocupados estuvieran en el mismo nivel, dijo Fisk.
El analista opinó que no hubo ninguna mención (por parte de Obama) de la ocupación israelí, ninguna mención de los refugiados, o de su derecho a retornar, o del robo de las tierras palestinas por parte del gobierno israelí en contra de las leyes internacionales.
A su turno, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, trató de mostrarse afable para con sus adversarios, pero luego declaró: "los palestinos deberían primero lograr la paz con nosotros y luego pedir el reconocimiento de su Estado".
Antes de la asamblea de la ONU, el presidente de Israel, Shimon Peres, se reunió en secreto en tres oportunidades con Abbas, con el fin de evitar que el líder palestino presentara su pedido ante la ONU.
Peres comentó que en una oportunidad Abbas le dijo: Estoy solo, traicionado por Estados Unidos, traicionado por Israel y por todos los demás, según informó el diario The New York Times.
Francia, por otra parte, tiene una posición diferente a la de Estados Unidos en Medio Oriente, ya que el presidente Nicolas Sarkozy propuso a la Asamblea General que los palestinos sean admitidos como Estado observador y que, además, se establezca un plazo de un mes para que ambos pueblos reanuden negociaciones bilaterales, entre otros puntos.
Sarkozy no anduvo con vueltas ante la posibilidad de que el Consejo de Seguridad apruebe el Estado palestino, y que esta decisión sea vetada por Washington: ¿Quién puede dudar de que un veto en el Consejo de Seguridad puede provocar un ciclo de violencia en Oriente próximo?, dijo.
La Asamblea General de la ONU mostró también las distintas posturas en apoyo o en contra de la posición israelí, como el caso de Turquía, cuyo primer ministro, Tayyip Erdogan, afirmó: Si usted quiere enviar una caja de tomates a los palestinos, debe estar sujeta a la aprobación de Israel".
Yo no pienso que esto sea humanitario, dijo Erdogan, que enumeró durante su discurso una serie de quejas en contra de Israel, entre ellas la represión de una flotilla humanitaria que trató de llegar a Gaza en mayo de 2010.
Muchos analistas se preguntan también qué ocurriría si los palestinos son admitidos como un Estado pleno. Probablemente, continuarán las negociaciones para que Israel reconozca las fronteras previas a la Guerra de los Seis Días en 1967, entre otros reclamos.
Pero surgirán otros problemas cuando la ANP quiera instalar su capital en Jerusalén Este.
Los palestinos no están listos para hacer la paz, dijo Netanyahu.
Si Palestina se convierte en estado pleno de la ONU, o en miembro observador, podrá pedir su entrada en otros organismos de Naciones Unidas como la UNESCO que se encarga de la educación, la ciencia y la cultura.
Además, los palestinos podrán realizar denuncias ante la Corte Penal Internacional de justicia de La Haya, aunque Israel y Estados Unidos no firmaron en 2002 el tratado de Roma que crea el CPI.
De todos modos, los palestinos deberán recorrer un largo camino para consolidar la unidad de su país, dado que el pedido de Abbas para que la ANP sea miembro pleno de la ONU no contó con el apoyo del Movimiento de la Resistencia Islámica, Hamas, que controla la Franja de Gaza.
Es indudable que si Abbas quiere seguir el camino de Arafat, deberá imponer a Hamas su liderazgo.
- Télam


