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02 de noviembre de 2010 • 14:15

LA TRADICION DE HONRAR EL 2 DE NOVIEMBRE A LOS FIELES DIFUNTOS

La celebración de los Fieles Difuntos, conocida tradicionalmente como el Día de los Muertos, es un rito popular que se extiende especialmente en las zonas rurales a los largo de la Cordillera de los Andes, y que honra a los que se fueron, quienes se supone recorrieron anoche palmo a palmo su casa para comprobar que todo está en orden.



Si bien es una tradición que se impuso desde la llegada de los españoles, la celebración conserva rasgos invalorables de los pueblos originarios, especialmente en Jujuy, que el sincretismo ha permitido conservar hasta el día de hoy en las comunidades que tienen los pies en la tierra, pero también miran el cielo.



Es así que gran parte de la población del noroeste argentino concurre a los cementerios a visitar a sus muertos queridos, a quienes les levan flores y encienden velas.



En otros pueblos, como el mexicano, se rinde culto a "San La Muerte", con idénticas expresiones.



La tradición indica que anoche los fieles difuntos visitaron su casa, recorrieron palmo a palmo cada una de las habitaciones y luego de comprobar que todo está en orden, se sentaron a la mesa y comieron y bebieron lo que les prepararon, para retornar satisfechos.



Este mediodía, se comenzaron a desarmar los altares familiares en cuyas mesas pusieron las ofrendas elaboradas con pan horneado, como símbolo de la conexión con el más allá y para gratificación del difunto.



Las figuras de las ofrendas de pan tienen forma de cruces, la paloma del Espíritu Santo, la escalera para ayudar a subir al cielo a la persona fallecida, además de figuras antropomorfas a las que se les inscribe abuelo, abuela, bebé, tío, para evocar al ser querido.



En estos altares domésticos se suele colocar la fotografía del ausente, alguna ropa que le pertenecía, las camisetas de fútbol del club de sus amores, la música del cantor popular que le gustaba, entre otros objetos que trasladan al mundo sensible de la persona recordada.



La oportunidad es propicia para que las mujeres de la casa cocinen las platos que les gustaba a los difuntos y agasajen a las visitas, que también son invitados a levantar las ofrendas de la mesa en las que no faltan las roscas, confituras regionales como la chancaca, un caramelo de miel de caña.



Empanadas, tamales, humitas, güisos, cordero estofado, asado de cabrito, papas andinas, habas con queso de cabra, son algunos platos más tradicionales que se suelen preparar para los agasajos, donde se mezcla lo cristiano con las costumbres heredadas de los pueblos originarios.

Télam