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22 de octubre de 2013 • 12:41

El castigo físico está asociado con la agresividad en los niños

Un equipo observo que los niños que recibían castigo físico cuando tenían cinco años eran algo más propensos a ser agresivos y violar las normas en la escuela primaria.

Este resultado coincide con estudios previos, según indicó Elizabeth Gershoff, especialista en los efectos de los métodos de disciplina en la crianza de University of Texas, Austin. "No hay evidencia de que el castigo físico sea bueno para los niños", dijo.

"Este método físico de castigo modela la noción de la agresión como una forma de resolver problemas, que se puede pegarle a la gente para obtener lo que se desea", indicó Gershoff, que no participó del estudio. "Cuando (los niños) quieren el juguete de otro niño, los padres no le enseñaron a usar las palabras o a negociar".

A pesar de que cada vez hay más pruebas de los daños que produce el castigo físico, su uso "aún es muy común" en Estados Unidos, según dijo el autor principal. "La mayoría de los niños recibió una nalgada por lo menos alguna vez", dijo Michael MacKenzie, de Columbia University, Nueva York.

Con su equipo analizó la información de un estudio sobre los niños nacidos entre 1998 y el 2000 en una de 20 ciudades de Estados Unidos. Finalmente, los autores incluyeron a 1.900 niños y entrevistaron a sus padres cuando tenían tres y cinco años para conocer si, y con qué frecuencia, castigaban físicamente a sus hijos.

Luego, les preguntaron a las madres cuáles eran los problemas de conducta de los hijos. A los nueve años, los niños realizaron un test de vocabulario.

El 57 por ciento de las madres y el 40 por ciento de los padres dijeron que habían castigado a sus hijos cuando tenían tres años. Eso se redujo, respectivamente, al 52 y 33 por ciento cuando los niños tenían cinco años.

Los niños tendían a ser más extrovertidos y agresivos si sus madres los habían castigado físicamente, ya sea habitualmente u ocasionalmente, cuando tenían cinco años. Dos o más nalgadas u otro castigo físico por semana estaban asociados con dos puntos más en una escala de 70 puntos para evaluar los problemas de conducta, aun tras considerar la conducta previa de los niños y otras características familiares.

No hubo relación entre el castigo físico a los tres años y la conducta infantil posterior.

Los niños también tendían a tener un menor rendimiento en los tests de vocabulario si sus padres los habían castigado físicamente con regularidad cuando tenían cinco años, según publica el equipo en Pediatrics.

El resultado promedio en el test de vocabulario a los nueve años fue de 93 puntos, algo menos que el valor habitual de 100 puntos. Recibir castigo físico habitual de parte del padre estuvo asociado con una reducción de cuatro puntos en el valor final, aunque los autores no pudieron descartar la influencia del azar en esa pequeña diferencia.

Para Gershoff, los resultados son difíciles de interpretar. "No pienso que el castigo físico vuelva más estúpidos a los niños", dijo.

FUENTE: Pediatrics, online 21 de octubre del 2013.

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