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LA TRAMA COTIDIANA BAJO LA MIRADA DE VIRGINIA WOOLF

14 mar 2012
15h25
actualizado a las 15h25
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Un conjunto de 26 ensayos de Virginia Woolf, que fueron publicados por su marido Leonard luego del suicidio de la escritora, develan una narrativa sutil donde la impronta de lo cotidiano es atravesada por la intensidad de la vida y lo inevitable de la muerte.



"La muerte de la polilla", el primer ensayo, condensa el estilo que la autora despliega en cada texto cuyo disparador puede ser un pequeño insecto -como en este caso-, las reflexiones que suscitan un atardecer sobre Sussex, la descripción de tres pinturas, que reflejan de manera sucinta la felicidad, el desgarro y el destino del cual nadie está exento o la correspondencia de Madame de Sévigné.



Woolf aclara que la polilla en cuestión vuela de día, como en esa mañana de mediados de septiembre en que la escritora sigue su aleteo mientras la invade la energía "que llegaba de los campos y las cuestas lejanas".



La misma energía que inspiraba las cornejas, a los labradores, a los caballos e incluso, parecía, a las cuestas yermas y desnudas, impulsaba a revolotear a la polilla...", escribe.



"Observándola, parecía que hubieran metido una fibra, muy delgada pero pura, de la enorme energía del mundo en su cuerpo frágil y diminuto. Cada vez que cruzaba el vidrio, yo imaginaba que un filamento de luz vital se volvía visible. No era ni más ni menos que la vida", describe Woolf.



Y nos ofrece, entre otros ensayos, reunidos en este libro que acaba de publicar La Bestia Equilátera, una descripción de personajes como George Moore, Henry James o la anciana señora Grey, de 92 años.



"El dolor envolvía su cuerpo como una sábana húmeda plegada sobre un alambre. (...) Nosotros -la humanidad- insistimos en que el cuerpo se aferre al alambre. Le sacamos los ojos y los oídos, pero lo dejamos maniatado, con un frasco de medicamento, una taza de té, un fuego moribundo, como un cuervo embalsamado sobre la puerta del granero, pero es un cuervo que todavía sigue vivo, incluso atravesado por un clavo".



Nacida como Adeline Virginia Stephen en Londres en 1882, en 1942 se casó con Leonardo Woolf y en 1917 fundaron la Editorial Hogarth Press.



La casa de ambos cerca del museo británico se convirtió en el centro del grupo de Bloomsbury que incluía a Vila Sackville-West, Dora Carrington, Lyton Strachey, E. M. Forster, Bertrand Russell y John Maynard Keynes, entre otros intelectuales, artistas y escritores.



Entre sus novelas figuran "Noche y día", "El cuarto de Jacob", "La señora Dalloway", "Al Faro", "Orlando", "Las olas" y "Entre actos".



El 28 de marzo de 1941, Virginia Woolf que a lo largo de su vida atravesó depresiones y crisis mentales, se puso un abrigo, llenó sus bolsillos con piedras y se lanzó al río Ouse.



Exponente del modernismo literario del siglo XX, la escritora reveló en su obra una originalidad que se alejó del molde seguido hasta entonces por la literatura inglesa. Ella introdujo un estilo cercano a la poesía y en su narrativa intentó captar y reflejar la vida de la conciencia.



"El ojo no es minero, ni buceador, ni buscador de tesoros enterrados. Nos hace flotar mansamente sobre la corriente, descansa, se detiene, y el cerebro quizás duerme mientras mira", apunta en "Merodeo Callejero: una aventura londinense".



"El verdadero yo es el que está parado sobre el pavimento en enero o el que asoma por el balcón en junio? ¿Estoy aquí o estoy allí? ¿O acaso el verdadero yo no es este ni aquel, no está aquí ni tampoco allí, sino que es algo tan variado y errático que solo cuando damos rienda suelta a sus deseos y lo dejamos seguir su camino sin impedimentos somos en realidad nosotros mismos?", se pregunta.



En ese merodeo callejero se cruza con un sinfín de historias: "En cierto modo podíamos penetrar en cada una de esas vidas, lo suficiente para alimentar la ilusión de que no estamos atados a una sola mente sino que, por unos breves instantes, podemos adoptar los cuerpos y la mentes de otros".



(...)"No obstante cuando nos acercamos nuevamente al umbral de nuestra puerta, es reconfortante sentir que nos envuelven las viejas pertenencias, los viejos prejuicios, y el yo, que ha sido expulsado en tantas esquinas, que se ha golpeado como una polilla en busca de las llamas de tantas lámparas inaccesibles, vuelve a estar refugiado y resguardado", concluye.

Télam

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