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 NUEVO ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE UN POETA TRANSGRESOR
16 de agosto de 2011 15:01



Transgresor desde su primer libro al último, desafecto a dogmas y ortodoxias, viajero y animador de las vanguardias de inicio del siglo XX, Oliverio Girondo nació en 1890, un 17 de agosto.

La celebración a 121 años de su natalicio, cuenta con la reedición de su primer libro "Veinte poemas para ser leídos en el tranvía" a cargo del sello Tajamar, que incluye diez ilustraciones del propio Girondo y en el tamaño original como fuera publicado en Francia en 1922, con un formato de 32 centímetros de alto por 24 de ancho.

Es la primera vez que se reedita este libro nuclear para las vanguardias de la época en edición facsimilar; poemas en prosa en los que despunta el decir provocador de Girondo, el sarcasmo, las imágenes ultraístas, el desparpajo: "Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía" () Cuando la puerta se entreabre, entra un pedazo de fox-trot".

En una frase simple -"rompí papel durante varios años"- resumió Girondo esas búsquedas estéticas: que dieron libros fundamentales para la poesía hispanoamericana como el citado: "Veinte poemas para ser leídos en un tranvía", más "Persuasión de los días" y "En la masmédula", entre ellos.

Hijo de Josefa Uriburu y Juan Girondo, nació en la calle Lavalle de la ciudad de Buenos Aires y cursó estudios secundarios en Inglaterra y Francia; de regreso se recibió de abogado en su ciudad natal.

Lector afiebrado de los poetas del modernismo -especialmente Rubén Darío- y de los simbolistas franceses, sus inicios literarios están ligados al periódico artístico literario "Comoedia", del que fue director; hacia 1919 solía concurrir a las charlas que José Ingenieros imparte en el hotel París, en el centro de Buenos Aires.

El cosmopolitismo, uno de los signos de la vanguardia, se cumple en este viajero impenitente que desde muy joven inició un tránsito que lo llevó por Alemania, Italia, España, Bélgica, Francia, Inglaterra, Egipto, Marruecos y distintos países latinoamericanos; lugares en los que sellaría amistades con reconocidos escritores.

Siempre impulsando una ruptura formal con el lenguaje, Girondo se integra a la constelación inicial de poetas fundadores entre los que destacan los nombres del peruano César Vallejo; Vicente Huidobro y Pablo Neruda, de Chile, el cubano Nicolás Guillén y los argentinos Jorge Luis Borges y Raúl González Tuñón, entre otros.

Inconformista, irreverente, anticonvencional, el autor de "Calcomanías" participa del grupo nucleado alrededor de la mítica revista "Martín Fierro", y entre otros textos redacta en su cuarto número de 1924 su proclama, que será impresa incluso en volantes.

Con humor y tono provocador, Girondo escribe ese "Manifiesto de Martín Fierro" en consonancia con un arte nuevo: "Frente a la funeraria solemnidad del historiador y del catedrático, que momifica cuanto toca y, sobre todo, frente al pavoroso temor de equivocarse que paraliza el ímpetu de la juventud".

Atento a las diversas tendencias artísticas de su tiempo, nunca estuvo sujeto a escuelas ni a "ismos" que reivindicaran programas estéticos rígidos.

En ese sentido, señaló: "Nunca he pertenecido a escuelas, pero he tratado de beber en lo vivo, no en lo muerto".

En su gestualidad provocadora, el poeta lanzó en 1932 su libro "Espantapájaros" con una novedosa campaña publicitaria surgida de una apuesta con un amigo: presentarlo desde una carroza funeraria con seis caballos, chofer con levita, y un enorme muñeco (espantapájaro); así agotaron en tiempo record los cinco mil ejemplares.

Amigo de Macedonio Fernández, Federico García Lorca, Pablo Neruda y Rafael Alberti, fue también un "compañero de ruta" de muchos poetas jóvenes, especialmente los surrealistas de la revista "Letra y línea" y los invencionistas de "Poesía Buenos Aires".

Escritor que influenció y sigue siendo una poderosa vecindad de poetas hispanoamericanos, Girondo lleva a delante una experimentación que incluye invención de palabras, juegos fónicos, utilización de palabras-valija, y el manejo de la paradoja y la ironía.

El poeta, que afirma no tener "sangre de estatua", se salta los géneros, va de la poesía en prosa a la brevedad del aforismo, del juego tipográfico del caligrama al lenguaje coloquial y las locuciones populares: Escribe: "Que tu mujer te engañe hasta con los buzones".

Esgrimiendo un humor cáustico, propio del "dadaísmo", despliega una mirada corrosiva, y por medio del absurdo y un humor negro, duro, violento y removedor, se revela contra los valores establecidos y lo convencional: rechaza la frialdad de la civilización urbana y las apariencias que considera simulacros de vida.

El poeta expresa su vacío dibujando en su obra un proceso de desmaterialización con imágenes amorfas, y acoplamientos insólitos; frente al sinsentido y la nada devastadora, deja entrever un fermento desintegrador, un descenso biológico a lo larval. Escribe: "saber que sólo somos un pálido excremento/ del amor/ de la muerte".

A lo sombrío, Girondo contrapone una de sus marcas esenciales, el erotismo; los acoplamientos insólitos, aquello que, en palabras del crítico Saúl Yurkievich, "coaliga, encoyunta a los amantes, disuelve las diferencias. Celebra el vientre de mujer, sus pechos. El éxtasis sexual provoca la violencia del acoplamiento".

Aunque sostenía que había nacido en 1891, quizá por vanidad, el poeta casado con una notable escritora también vanguardista, Norah Lange, había nacido en 1890, como lo constató en su "Oliverio. Nuevo Homenaje a Girando", el crítico e investigador literario Jorge Schwartz.

El poeta falleció en 1967, tras ser atropellado por un auto en pleno centro de Buenos Aires, sufrir años de postración y luego de ser intervenido de delicadas intervenciones quirúrgicas.

Télam