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PASO DE COMEDIA: DEL NARCISISMO AL TEXTO

18 nov 2011
21h03
actualizado a las 21h03
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En "Como se escribe una vida", el escritor británico Michael Holroyd disecciona la práctica de la biografía, relativiza la verdad de las autobiografías y sospecha sin vergüenza que el paso del narcisismo al texto muchas veces opera una suerte de cura sobre la idea que se tiene de sí mismo y que los demás tienen de uno mismo.



El libro, publicado bajo el sello La Bestia Equilátera, que dirigen los escritores Luis Chitarroni y Matías Serra Bradford, es una piedra preciosa escondida entre las novedades que aplastan las mesas de las librerías.



Holroyd nació en Londres en 1935; escribió sobre Lytton Strachey -maestro de biógrafos-, el pintor Augustus John, George Bernard Shaw, y escribió "Basil street Blues", "A Book of Secrets", "Works on Paper" y "Mosaic".



Además, es el responsable de haber devuelto el prestigio (no perdido sino olvidado) de Hugh Kingsmill y William Gerhardie, dos prodigios de ingenio y sagacidad.



Gerhardie, de hecho, es el autor que abre "Basil Street Blues", el libro más personal de Holroy: "El pasado deposita una superficie delgada sobre los días que vivimos. Nos dice del presente más de lo que el presente puede decirnos".



"Como se escribe..." es el primer volumen de la editorial de la serie Zettel, un homenaje explícito al narrador bahiense Héctor Libertella; ése es el título de un texto póstumo del vanguardista quizá más radical de la literatura argentina de los últimos 40 años.



Pero volvamos a Holroyd. En "Nuestros amigos los muertos", escribe que "Coleridge opinaba que la poesía era la exacta antítesis no de la prosa sino de la ciencia misma; escribió que se necesitarían 500 Newton para hacer un Shakespeare o un Milton".



Sin embargo, decir ahora que se necesitarían 500 Harold Bloom para obtener un solo Holroyd provocaría un retintín y algún ceño fruncido de los pastores de la lectura pedagogizante o como los llama nuestro hombre, "los traficantes de ideología".



En el prólogo, Serra Bradford despeja las dudas y las certezas inconmovibles.



"La ley secreta de la literatura parece hallarse en la narración biográfica. Lo supieron Aubrey, Johnson, Schwob, Strachey y Borges, en ese orden, y de la biografía hicieron la punta de lanza de su trabajo", escribe.



Y agrega: "`Vidas breves`, `Vidas de los poetas`, `Retratos literarios y Retratos contemporáneos`, `Vidas imaginarias`, `Eminentes victorianos`, `Evaristo Carriego` e `Historia universal de la infamia`. De Quincey, Coleridge, Sainte-Beuve. Los ejemplos son plaga".



"De allí el interés de reflexiones acerca de la biografía y de un género consanguíneo como la autobiografía, extrañamente escasas, si exceptuamos las efectuadas por los mismos practicantes sin excesos de solemnidad".



"Es el caso de los guardias nocturnos mencionados y de sabuesos de la talla de Richard Ellmann, Leon Edel, y, más recientemente, Michael Holroyd. (Dejemos de lado en estas consideraciones, desde luego, a quienes Joyce llamaba `biógrafos`)", concluye.



Y es la hora de descubrir quién es este inglés enigmático que ha hecho de su vida privada un culto, al punto que sobre él sería muy complicado escribir una biografía.

Télam

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