El científico argentino Claudio Fernández trabajó en el prestigioso Instituto Max Planck, en la ciudad alemana de Gotinga (Göttingen o Goettingen, en alemán), que cuenta con 45 premios Nobel, casi uno por cada mil de sus habitantes.
"No conozco otra ciudad con tanta cantidad de científicos con esa distinción", dijo Fernández a Télam. Goettingen tiene 50.000 habitantes fijos, y otra cantidad similar móviles, es una ciudad universitaria", comentó.
El científico argentino se radicó en Alemania en 2002, cuando con su la Argentina en crisis, el Instituto Max Planck, considerado por la comunidad científica como la meca de la investigación en química biofísica, le propuso liderar a sus propios investigadores.
Ahí, en el comedor central del instituto, después de almorzar, te podés quedar a tomar café y discutir mano a mano con tipos que son premios nobel. Es un ambiente muy estimulante para un científico. Es como si alguien que juega al fútbol, juega un picadito todos los días con Lionel Messi, Diego Maradona, Ronaldo.
Es increíble el nivel de ese instituto, expresó.
Sin embargo, Fernández recordó que un discurso del titular del Instituto Max Planck en 2004, elogioso para él y su equipo por el primer descubrimiento de cómo era la proteína que causaba la enfermedad de Parkinson, le cayó mal y lo hizo pensar.
Fernández comentó que el director dijo "que había hecho un trabajo excepcional con la capacitación lograda en la Argentina, pero usufructuando la tecnología alemana", y que sería bueno que la Argentina algún día invirtiera en esa materia para que los científicos pudieran usufructuar la tecnología en su país.
"Ahí me di cuenta de que estaba haciendo muy bien mi trabajo, pero en Alemania; contento, en un ambiente de excelencia, en una sociedad donde el común de la gente entiende que la ciencia y la tecnología son importantes para avanzar, pero no era la sociedad que a mí me permitió y capacitó para ser científico", razonó.
"Ése fue un baño de realidad, y aquellas palabras del director del Max Planck aún retumban en mi cabeza, subrayó Fernández.
Dos años después, el investigador era repatriado por el entonces presidente Néstor Kirchner.
Fernández recuerda con emoción las palabras que le dedicó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando inauguró el Instituto de Biología Molecular en Rosario, el 19 de septiembre último.
Él se podía haber quedado a vivir en Alemania -dijo la Presidenta-. No estamos hablando de la Alemania de ahora, de la crisis, no; eligió venirse en 2006 cuando todavía no había crisis, o sea que él quería vivir en la Argentina y sus hijos nacieron en Alemania pero él quiso que fueran argentinos.
Cristina destacó que "gente como ésta es la que necesitamos, cada día más, y la verdad es que me siento muy bien de poder recibir estos pequeños homenajes, esto para mí es un homenaje, sinceramente lo vivo como un homenaje, dijo la jefa de Estado mientras mostraba las fotos de los hijos del científico por la televisión nacional.
"No conozco otra ciudad con tanta cantidad de científicos con esa distinción", dijo Fernández a Télam. Goettingen tiene 50.000 habitantes fijos, y otra cantidad similar móviles, es una ciudad universitaria", comentó.
El científico argentino se radicó en Alemania en 2002, cuando con su la Argentina en crisis, el Instituto Max Planck, considerado por la comunidad científica como la meca de la investigación en química biofísica, le propuso liderar a sus propios investigadores.
Ahí, en el comedor central del instituto, después de almorzar, te podés quedar a tomar café y discutir mano a mano con tipos que son premios nobel. Es un ambiente muy estimulante para un científico. Es como si alguien que juega al fútbol, juega un picadito todos los días con Lionel Messi, Diego Maradona, Ronaldo.
Es increíble el nivel de ese instituto, expresó.
Sin embargo, Fernández recordó que un discurso del titular del Instituto Max Planck en 2004, elogioso para él y su equipo por el primer descubrimiento de cómo era la proteína que causaba la enfermedad de Parkinson, le cayó mal y lo hizo pensar.
Fernández comentó que el director dijo "que había hecho un trabajo excepcional con la capacitación lograda en la Argentina, pero usufructuando la tecnología alemana", y que sería bueno que la Argentina algún día invirtiera en esa materia para que los científicos pudieran usufructuar la tecnología en su país.
"Ahí me di cuenta de que estaba haciendo muy bien mi trabajo, pero en Alemania; contento, en un ambiente de excelencia, en una sociedad donde el común de la gente entiende que la ciencia y la tecnología son importantes para avanzar, pero no era la sociedad que a mí me permitió y capacitó para ser científico", razonó.
"Ése fue un baño de realidad, y aquellas palabras del director del Max Planck aún retumban en mi cabeza, subrayó Fernández.
Dos años después, el investigador era repatriado por el entonces presidente Néstor Kirchner.
Fernández recuerda con emoción las palabras que le dedicó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando inauguró el Instituto de Biología Molecular en Rosario, el 19 de septiembre último.
Él se podía haber quedado a vivir en Alemania -dijo la Presidenta-. No estamos hablando de la Alemania de ahora, de la crisis, no; eligió venirse en 2006 cuando todavía no había crisis, o sea que él quería vivir en la Argentina y sus hijos nacieron en Alemania pero él quiso que fueran argentinos.
Cristina destacó que "gente como ésta es la que necesitamos, cada día más, y la verdad es que me siento muy bien de poder recibir estos pequeños homenajes, esto para mí es un homenaje, sinceramente lo vivo como un homenaje, dijo la jefa de Estado mientras mostraba las fotos de los hijos del científico por la televisión nacional.
- Télam


